AhemboHistorias

Sergio Herrera Santana

"Me interesa mucho compartir la historia de nuestra empresa porque está ligada a nuestra historia como sociedad, y a la de muchas familias de trabajadores canarios. Es un orgullo pertenecer a ella"
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Vicente Díaz Arencibia

"Si nosotros no miramos por lo nuestro, nadie va a mirar. Por lo tanto, debemos procurar consumir productos canarios, porque son nuestra vida"
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Sergio Herrera Santana

Mientras estudiaba ingeniería, en épocas de vacaciones o cuando tenía algún tiempo libre, trabajaba en esta empresa, en campañas puntuales y de corta duración. Siempre que me daba un salto por aquí y afortunadamente tenían disponible algún puesto de trabajo: ayudante de reparto, vendedor.

Cuando acabé la carrera, y estando trabajando en otro lado, me llamaron para darme la oportunidad de trabajar aquí y no lo dudé. Estuve trabajando en el departamento de calidad y seguridad Alimentaria hasta el 2016 y en enero de este año asumí mi actual responsabilidad.

Ahembo es una empresa 100% canaria que a lo largo de los años ha ido contratando a personas vinculadas con la empresa, familiares de empleados, conocidos, etc., y que, además, ha tenido un alto nivel de participación en la sociedad canaria, en general a través de la participación en eventos, sobre todo de carácter deportivos. Este rasgo, junto con su marca Clipper, claro referente de canariedad, es un importante valor de la compañía que no lo tienen todas las empresas radicadas en las Islas.

Los primeros productos se distribuían en cajas de madera y todo era muy manual. El lavado era a mano, el embotellado era semiautomático, poco a poco se fue progresando.

Fruto del carácter innovador de estas empresas es el que Embotelladora de Canarias fue la primera fábrica que incorporó las etiquetas de plástico en las botellas de Pepsi en los años ochenta.

Con anterioridad se utilizaban etiquetas de papel precortadas, pero las primeras etiquetas de plástico en bobina de toda España se hicieron aquí. Para su implementación, vinieron técnicos de la multinacional Mobil, que fue la empresa que desarrollo la fórmula de impresión en material flexible.

Los últimos cambios se hicieron en el 2009, cuando se remodeló prácticamente toda la línea de pet, incorporando una sopladora de última generación que era de las más rápidas que había en ese momento en España, capaz de fabricar 1800 botellas por molde con un sistema de recuperación. Este fue también un avance significativo para la compañía.

Las exportaciones que realizan son, fundamentalmente, a países africanos. A Península se han enviado puntualmente algunos productos, pero siempre relacionado con campañas específicas de productos canarios. Hacerlo con asiduidad sería muy costoso y nos situaría fuera de mercado.

Clipper ha estado siempre en la mesa de cualquier celebración en las Islas Canarias, por lo que más que un refresco es un signo de canariedad.

Me interesa mucho compartir la historia de nuestra empresa porque está ligada a nuestra historia como sociedad, y a la de muchas familias de trabajadores canarios. Es un orgullo pertenecer a ella.

Vicente Díaz Arencibia

Llevo 28 años en la empresa. Empecé como vendedor autónomo de Trinaranjus, que pertenecía a Embotelladora de Canarias, pero estaba en un almacén aparte. Luego me llamaron para trabajar aquí, en el propio almacén, y llevo toda la vida en él, ahora con la responsabilidad de capataz.

Mi padre también trabajó aquí. Él llevaba veinte años en la empresa cuando yo entré y coincidimos en torno a siete años. Yo trabajaba como su ayudante. Empezó cuando las instalaciones estaban en Santa Catalina, limpiando botellas y llenándolas, todo a mano. Recuerdo ver llegar a mi padre a casa a eso de las doce del mediodía, marcharse a la una o las dos, y ya no verlo más hasta el día siguiente. Cuando yo llegue también era más o menos así, había mucho trabajo.

En un principio mi ‘despacho’ estaba en un rincón, entre los pallets, en la sala de producción. Luego me habilitaron otro un poco mejor donde ahora se encuentran los vestuarios. Allí hacíamos inventario todos los días empezando a las cinco de la mañana.

En casi tres décadas he visto muchos cambios. Existían las botellas retornables; si un cliente nos pedía unidades sueltas, se las suministrábamos. Debíamos estar presentes cuando se cargaban los camiones porque previamente había que contar la mercancía para tener control de lo que salía a reparto.

Actualmente, cuando voy a las tiendas o al supermercado, no puedo evitar mirar nuestros productos, pensar si deben o no estar allí, si están bien ubicados, etc. Si nosotros no miramos por lo nuestro, nadie va a mirar. Por lo tanto, debemos procurar consumir productos canarios, porque son nuestra vida.

Esta empresa es parte de la historia de mi familia, como lo es también de muchas otras. Además de mi padre y yo, tres hermanos míos también han trabajado aquí. Hemos vivido, y vivimos, de esto y espero que siga siendo así en el futuro, si no es con mis hijos, con los hijos de mis compañeros.

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