BandamaHistorias

Ana Rosa Rivero Cordero

“Bandama es nuestro segundo hogar y por eso todos luchamos juntos para que siempre siga adelante la empresa”
VER SU HISTORIA

Lourdes Marrero Sánchez

“Ya sabes: “Galletas Bandama, cuantas más comes, más ganas.”
VER SU HISTORIA

Ana Rosa Rivero Cordero

Yo empecé a trabajar en la fábrica de galletas Bandama con quince años, era una niña. No sabía absolutamente nada, salí del colegio y entré a trabajar aquí. Hoy en día no se trabaja a esa edad, pero en aquellas épocas era distinto. Me hice mujer, tuve a mis hijos. Es decir que fui novia, esposa, madre y abuela, ¡y sigo aquí! Todas mis vivencias incluyen a Bandama.

Entré como aprendiz. Durante la hora del desayuno nos íbamos a jugar a la candonga, al elástico. Éramos niñas y nos hacíamos bromas de chiquillas. Recuerdo una vez, una compañera cogió la crema de Tostacrem, que es blanca, e hizo trocitos, me quitó el queso tierno que yo tenía en mi bocadillo y me puso esos trocitos de Tostacrem. Bromeábamos siempre porque éramos muy niñas.

 

En aquellos años, cuando una mujer se casaba se marchaba del trabajo y solo se dedicaba a la su casa, así que yo pensé que trabajaría aquí hasta que me casara. Pero no fue así. Aquí continúo, esta es mi vida y la agradezco porque Bandama me ha aportado mucho y me ha dado la posibilidad de lograr todo lo que tengo.

¿Sabes que me echaron en mi boda en vez de arroz? Galletas Bandy, esa galletita pequeña que se pone en la leche. Cuando una trabajadora de Bandama se casa, en vez de arroz, le tiramos Bandy.

Esta empresa es mi segunda casa, somos como una familia. La mayoría del personal trabajamos aquí desde hace cuarenta años aproximadamente, y el que menos lleva, tiene aquí al menos veinte años de antigüedad. Entonces, sucede que nos miramos y ya sabemos qué vamos a decir. Nos vemos como una gran familia y tenemos muy buena relación, un compañerismo entrañable. Pasamos más tiempo conviviendo en el trabajo que con nuestras familias, porque, sin contar las horas de sueño, estamos más horas aquí que en nuestras casas.

Lourdes Marrero Sánchez

Empecé a trabajar en Bandama en 1975, con catorce años. Me casé a los veintitrés y pasé aquí mis cinco embarazos, durante los cuales la empresa me facilitó mucho las cosas en el sentido de que si había alguna tarea que no podía desempeñar por la barriga, cambiaba mi puesto de trabajo por otro que pudiera realizar. Y no solo la empresa tuvo consideración, mis compañeras también, porque aceptaban esos cambios sin ningún problema.

Bandama siempre ha respetado los derechos de sus trabajadoras embarazadas, las bajas y los periodos de lactancia, y hemos podido conciliar la vida laboral y la familiar porque trabajábamos de 7 a 3 de la tarde, un horario estupendo para atender la casa, hacer cursos o, simplemente, tener la tarde libre.

En 2005, después de treinta años, dejé de trabajar porque teniendo ya a mis cinco hijos me pareció que tenía que estar más en casa. Ahora, hará un año que volví. Al regresar encontré la fábrica renovada, con nuevos formatos. Me alegré mucho al ver el progreso de la empresa.

Estoy muy contenta, no solo por volver y encontrarme nuevamente con mis amigas, sino también por haber conseguido trabajo a mis cincuenta y seis años. Además, tengo a mi hija trabajando aquí conmigo y estamos las dos muy contentas.

En mi casa siempre hay galletas Bandama, sobre todo para hacer las tartas que a mis hijos les encantan. A mí me gusta mucho cocinar postres con nuestras galletas y hasta he creado los míos propios. Hay cajas de galletas que por fuera traen recetas, una de ellas es mía. Es la que lleva galletas María con nata y leche condensada, y después se le incorpora la galletita Bandama, que nunca falta en casa… ¡se queda muy buena!

Momentos enBandama