Molinera de SchamannHistorias

Francisco González

"Pocos saben que la molinería es una profesión que se estudia en Madrid, donde está el único centro especializado en este campo"
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Rafael Trujillo

"El trabajador que menos tiempo lleva entró hace ya siete años, lo que demuestra que si la gente hace su labor la empresa responde"
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Francisco González

Empecé a trabajar en Molinera hace 21 años, necesitaban un experto en mantenimiento eléctrico industrial para trabajar conjuntamente con los instaladores de la maquinaria que empezaba a colocarse en aquel momento. Desde aquel momento me quedé como jefe de fábrica, responsable de mantenimiento y producción.

En un principio esto era una empresa de producción de gofio. En el año 2000 los dueños llegaron a la conclusión de que era importante desarrollar nuevas líneas de trabajo y empezamos a dedicarnos a las harinas, abandonando tanto el gofio como los productos para consumo animal.

Molinera tiene una política que tiende a la consolidación de la plantilla. La estabilidad de los trabajadores es un valor añadido, una garantía. Tener un personal estable demuestra que la empresa también es estable. Este año hemos aumentado la capacidad de molienda de nuestras instalaciones.

La modernización de la maquinaria en Molinera no significa un riesgo para la continuidad de la mano de obra. Hubo un tiempo en que teniendo la fábrica con un ritmo de trabajo de  24 horas no llegábamos a para producir todo lo que el mercado demandaba. Ahora tenemos una fábrica mayor y hemos reducido a dos turnos el horario de trabajo. Son quince horas en total, pero eso significa que si, en algún momento, hay un pico de demanda, tenemos capacidad para absorberlo. Es una empresa que ha ido creciendo de forma moderada.

En el sector de la construcción hubo muchas empresas que pasaron de tener diez empleados a tener casi trescientos en solo tres meses por el boom inmobiliario que se produjo en un momento determinado. Cuando las cosas vinieron mal dadas toda esa plantilla se fue casi de inmediato al desempleo. Nuestro sector no tiene esos altibajos.

De ese mundo de la construcción llegaron muchos trabajadores a nuestra empresa en busca de empleo. En esos momentos los propietarios de la empresa pudieron aprovecharse, como lo hicieron muchos en este y otros sectores. Sin embargo, en esta empresa nunca se nos han bajado los sueldos ni se ha realizado recortes de plantilla para contratar empleados con costes laborales más baratos.

Saben que cuando han necesitado a los trabajadores nosotros hemos estado ahí, respondiendo, y por eso valoramos también el que, en épocas de crisis, la empresa no haya optado por los despidos o los recortes de sueldo.

La profesión de técnico molinero suele ser una actividad muy familiar. El maestro molinero generalmente es hijo y nieto de molinero. Nosotros contamos con Lucinio Castillo, nuestro maestro molinero, tiene la misma edad que yo y empezamos prácticamente a la vez en Molinera, por lo que la empresa confió en nosotros, en gente joven, y nos embarcó en un proyecto nuevo, el de las harinas.

Pocos saben que la molinería es una profesión que se estudia en Madrid, donde está el único centro especializado en este campo.

Lucinio, con esa preparación complementada con una ingeniería, es el que determina como tiene que ser el producto final dependiendo de las características de cada tipo de materia prima, la mezcla de trigos que hay que hacer y la forma de trabajarlos.

Los panaderos piden que cada vez que compran una harina siempre tengan las mismas características, para no tener que cambiar su sistema de trabajo.

 

Rafael Trujillo

Empecé a trabajar aquí exactamente el 2 de febrero del año 76, cuando me faltaba un mes para cumplir los 18 años. Molinera de Schamann estaba aún en Federico Viera. Trabajábamos con un molino tradicional y la gente se acercaba con su saquito a comprar el gofio para el consumo doméstico. Aquí me he pasado toda mi vida, coincidí trabajando con dos hermanos que ya fallecieron.

No me gustaban los estudios, no servía para eso. Mi padre fue claro: “búscate la vida y a trabajar”. Como uno de mis hermanos ya estaba en la empresa, vine a hablar con el padre del actual propietario. Así fue como empecé a trabajar aquí. Y aquí sigo desde el año 76.

Se trata de una empresa en la que todos hacemos de todo. Estamos preparamos para hacerlo. Yo comencé en el almacén cargando camiones aunque he ido haciendo diferentes funciones. En un momento determinado tenía un compañero que hacía la analítica de los productos y él me fue enseñando, así que ahora soy yo el que me encargo de esa labor. Me enseñaron a analizar las harinas y ahora ayudo a realizarlas.

El trabajador que menos tiempo lleva entró  hace ya siete años. Esto  demuestra que si la gente hace su labor la empresa responde. Si alguien me pregunta, yo le recomiendo que venga a aquí para buscar un puesto de trabajo. Lo único que hay que hacer es tener ganas de trabajar. No se puede llegar como he visto en algunos casos a pedir trabajo para estar solo de ocho a una y poder tener la tarde libre, o preguntar desde el principio cuánto se va a cobrar y cuándo se tienen vacaciones.

Yo a mis hijas siempre les he dicho que si tienes un trabajo tienes que portarte bien, no estar con el hoy vengo y mañana, no. A todos nos gusta la juerga, pero cuando hay que estar serio y trabajar, yo soy el primero. Desde el primer momento, hago mi labor.

Antes hacíamos todo a mano, yo empecé cargando sacos de 80 kilos en un momento en el que, por la falta de la maquinaria especializada que hay ahora, trabajábamos cargando camiones hasta quince personas y la fuerza de cada uno era la que nos permitía mover los sacos. Actualmente, la empresa nos forma para utilizar todas las máquinas y nos da cursos de seguridad.

Los más viejos arrastramos los problemas de salud propios de los esfuerzos realizados en los comienzos, pero a mí me sigue gustando venir a trabajar.

Esta empresa es como si fuera mía porque me lo ha dado todo. Tenemos unos jefes y unos dueños que se preocupan mucho por la empresa y también por sus trabajadores. Nos conocen a todos prácticamente por el nombre y es de agradecer que, cuando nos ven, se preocupen por nosotros y nuestras familias.

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