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FRANCISCO MARTÍN MESA

Ya son 26 años en CELGÁN. Empecé en Tío Pino, en la quesería. Pasé luego al sector de reconstitución de la leche que es la zona donde la preparamos para hacer los yogures, las natillas y otros productos. Posteriormente volví a la quesería.

Yo vivía cerca de la fábrica y de pequeño con otros chiquillos íbamos a buscar yogures a la empresa. Don Zenón Mascareño, el fundador de Celgán, siempre quería a gente del barrio trabajando en su empresa. A mí me conocía de toda la vida, del barrio, él era una persona muy, muy buena. Incluso cuando se pedían cosas para la asociación de vecinos de la zona,  la empresa aportaba siempre algo. Una vez hicimos un equipo de fútbol sala y Celgán nos compró la ropa deportiva. Eso es algo que no se ha perdido porque la empresa continúa colaborando con la sociedad.

Hoy día tenemos una amplia oferta de productos. Antes solo había yogures, natillas, quesos…  Desde que hemos incorporado maquinaria moderna hemos empezado a lanzar nuevos productos y formatos al mercado. Con máquinas se avanza más rápidamente. Esta ha sido un gran cambio, muy bueno.

Desde hace unos años tengo una lesión. Antes no teníamos en cuenta las consecuencias negativas de malos hábitos y comportamientos a la hora de coger peso. Recuerdo que yo de pequeño trabajaba en la tierra, en las huertas, con una azada y sacando papas. Me he machacado mucho y el cuerpo me dijo basta. Sin embargo, yo no puedo estar sin trabajar, así que, como ya estoy bien, pero tengo que cuidarme, la empresa me ha asignado el puesto de portería.

En mi familia siempre compramos la marca Celgán, como no podía ser de otra manera, porque es parte de nuestra vida. Como dice el lema: “Alimento bueno y natural, Celgán”

Aquí nos lo pasábamos muy bien en aquellas épocas, hacíamos bromas, raro era el que no salía con un cubo de agua encima… éramos pocos y el ambiente era muy familiar. Ahora no hacemos esas cosas, pero igualmente nos lo pasamos muy bien, trabajamos con alegría y compañerismo. Siempre cumplo con mi trabajo, pero también estoy de «vacilón y cantando», porque hay que fomentar la alegría y la buena armonía, que problemas ya tenemos todos.